Irracionalidad: el enemigo interior, de Stuart Sutherland (2ª ed., 2015).

Si tiras los dados veinte veces y las veinte sale doble seis, ¿cuántas probabilidades hay de que en una tirada más, la vigésimo primera, salga de nuevo doble seis?  De eso trata este libro.

Intuitivamente, al menos el jugador de dados, considerará que si ya es muy improbable que en veinte tiradas salga doble seis, que salga una vez más es casi imposible. Por eso, difícilmente apostará nada al doble seis en esa última tirada. Pero es un error. Hay la misma probabilidad de doble seis en la primera y en la vigésimo primera tirada.

Y es que una gran parte de nuestra cognición y nuestra conducta es irracional. Está condicionada por múltiples sesgos: el de la obediencia, el de la coherencia, el de la conformidad. Y muchos otros. De todos ellos, el que parece tener más efectos, y es matriz de otros, es el sesgo de la disponibilidad. Pensamos la realidad –y decidimos- conforme a lo que tenemos más próximo en el recuerdo. O conforme a aquellos datos que más nos influyen. Pocas veces tomamos una decisión tras un análisis minucioso de argumentos y datos. Normalmente, tomamos decisiones mediante atajos heurísticos, conforme a correlaciones, cadenas causales y valoraciones que la mente elabora rápidamente para nosotros. De forma irracional.

Entiende Sutherland por irracional todo aquel proceso de pensamiento que llevan a conclusiones o decisiones que no son las mejores, a la vista de las pruebas de que se dispone. Esto es, no es irracional decidir de forma intuitiva cuando no hay elementos de juicio que aconsejen una conducta, frente a otra. Pero sí hay irracionalidad cuando, habiendo elementos de juicio contrastados, y tiempo para interiorizarlos, aun así optamos por la decisión intuitiva.

El libro no es reciente, de 1996. Esta es una segunda edición. Pero el análisis y sus ejemplos son aún muy actuales. Y a juzgar por otros textos de psicología cognitiva que he leído después, no han cambiado los planteamientos científicos en torno a la irracionalidad.

Cómo se toman las decisiones médicas, cómo decidimos el destino de un viaje,  o cómo decidimos las inversiones financieras son todos ellos ejemplos de altísima irracionalidad. En todos estos casos, la información objetivamente disponible nos podría orientar hacia decisiones racionales. Pero de esa información tomamos lo que nos interesa. O nada. Enfatizamos los datos favorables a una decisión cuando esa es la decisión que intuitivamente preferimos. Y retorcemos conexiones causales por completo demostradas cuando, en el fondo, no queremos actuar como nos señalan los datos objetivos.

Pese a lo que pudiera parecer por lo dicho, la irracionalidad no es por sí un mal. Somos irracionales porque tomamos miles de decisiones a lo largo de un día. Y si todas ellas tuvieran que adoptarse tras análisis racionales estaríamos perdidos. La irracionalidad, la conducta intuitiva, los sesgos heurísticos son, más bien, mecanismos de supervivencia. Nos permiten actuar sin certidumbres, pero con aproximaciones o pistas útiles y rápidas. El problema no está en si pido carne o pescado de forma irracional (por ejemplo, porque aunque normalmente me gusta más el pescado, la semana pasada oí que alguien se había intoxicado con uno en mal estado). El problema surge cuando adoptamos decisiones trascendentes, capitales, de forma irracional: ¿te acuerdas de por qué decidiste estudiar Derecho, o electrónica, o filología, o mecánica? ¿Hiciste un análisis de datos, de qué estudios tienen menos desempleo, generan más renta, son más satisfactorios? En lo que yo recuerdo, mi primera opción de estudios era periodismo. No recuerdo ninguna razón para ello. Desde luego, no sabía yo nada entonces ni de qué se estudiaba en periodismo, ni de cuáles son los ingresos de un periodista. Y si al final me decanté por el Derecho creo que también fue de forma irracional. Mi padre era abogado. Y este era uno de los pocos datos profesionales que yo tenía disponible. Es la irracionalidad, y no la racionalidad, lo que dirige casi todas las decisiones importantes en nuestras vidas.

3 comentarios sobre “Irracionalidad: el enemigo interior, de Stuart Sutherland (2ª ed., 2015).

    1. Atinadísimo, como siempre, profesor. Me ha recordado también en este ámbito las reflexiones de un libro más reciente que leí hace tiempo, sobre el poder del subconsciente, de un físico de Caltech, Mlodinow. Demostraba igualmente la presencia constante de lo intuitivo en la toma de decisiones del hombre, en un campo aún no explorado suficientemente.

      Muchas gracias.

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